•En plena sesión plenaria, la senadora fue sorprendida utilizando una estética clandestina que opera con total discreción dentro de las instalaciones legislativas.
Ciudad de México; 04 de febrero 2026 – En un hallazgo que redefine el concepto de «labor parlamentaria», se reveló la existencia de un salón de belleza exclusivo y operado bajo un velo de misterio en el segundo piso de la torre del Hemiciclo del Senado de la República. El espacio, que carece de rótulos o números de identificación, funciona únicamente durante las sesiones plenarias en un horario de 7:00 a 14:00 horas, ofreciendo servicios de estética que parecen estar reservados para un grupo selecto de legisladores y empleados.
La discreción del lugar es tal que la encargada, identificada como Jazmín, suele filtrar a los clientes preguntando rigurosamente su procedencia antes de permitir el acceso. Durante un recorrido realizado por el semanario Proceso, se constató que la oficina cuenta con infraestructura completa: sillones de estética, espejos profesionales, lavabos para el cabello y carritos de maquillaje, operando detrás de puertas que se cierran inmediatamente tras el paso de los usuarios para evitar miradas indiscretas.
El escándalo cobró rostro cuando la senadora del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Juanita Guerra Mena, fue captada en el lugar mientras se aplicaba un tinte para el cabello. Al ser cuestionada sobre el uso de recursos públicos para fines de imagen personal en horas de trabajo, la legisladora reaccionó con molestia, cuestionando al reportero: “¿Cuál servicio? ¿A poco usted no se hace un tinte?”, normalizando así el uso del recinto legislativo como centro de belleza privado.
Guerra Mena alcanzó a declarar que este servicio lleva funcionando aproximadamente un año en la Cámara Alta; sin embargo, al ser interrogada sobre si la Junta de Coordinación Política (Jucopo) tiene conocimiento o autorizó la operación de este establecimiento, la senadora optó por el silencio. La confrontación terminó abruptamente cuando la estilista cerró la puerta de la oficina, impidiendo que continuaran los cuestionamientos de la prensa sobre la transparencia de dicho espacio.
Este suceso pone nuevamente bajo la lupa el uso de las instalaciones del Senado y el comportamiento de los representantes populares en la capital del país. Mientras la agenda legislativa avanza, queda en el aire la duda sobre quién financia el sueldo de la estilista y los insumos de belleza en un espacio que, por ley, debería estar dedicado exclusivamente a la labor legislativa y no al cuidado de la imagen de sus integrantes.