Por Andrés Salas
Cuautla, Morelos; 20 de junio 2025 – El próximo domingo 20 de julio de 2025, el pueblo de Tetelcingo se prepara para una cita trascendental con su futuro político: la elección de su nueva Delegación. Más allá de un mero ejercicio democrático, este proceso se presenta como una oportunidad para romper paradigmas y, quizás, inscribir un nuevo capítulo en la rica historia de esta comunidad.
Cinco aspirantes se han postulado para liderar los destinos de Tetelcingo, cada uno respaldado por una planilla distinguida por un color. Tenemos a Karina Ascencio Molina, identificada con el color rojo, a Liliana Chimal Ramos, cuya planilla se distingue por el color verde, y a Claudia Yazmin Torres Cheron, representada por el color blanco. Junto a ellas, Violeta Agustina Rodríguez Cisneros encabeza la planilla de color café. Completando la contienda, encontramos a Miguel Angel Rodríguez Ortiz, cuya opción se asocia con el color naranja.
Es innegable que un aspecto que resalta en esta elección es la marcada presencia femenina. Y es que, si una mujer resultara electa para la Delegación, estaríamos ante un hecho verdaderamente histórico para Tetelcingo. Durante mucho tiempo, la participación activa de las mujeres en la vida política visible de esta comunidad indígena parecía una utopía. Sin embargo, detrás de la aparente pasividad, las mujeres de Tetelcingo siempre han ejercido un poder innegable. Desde la intimidad de sus hogares, han sido las verdaderas artífices de las decisiones fundamentales que rigen la vida del pueblo, decidiendo qué debe o no hacerse, guiando el rumbo social y cultural. Esta elección, por lo tanto, podría significar la formalización de un liderazgo que, aunque discreto, siempre ha sido fundamental.
Como es costumbre en cada contienda electoral, los pasillos de la política local y los corrillos del pueblo susurran sobre los apoyos que reciben los aspirantes. No es un secreto que algunas figuras políticas y ex autoridades municipales han manifestado, de manera más o menos velada, su respaldo a alguno de los contendientes. Sus nombres circulan entre la gente, aunque públicamente se mantengan al margen de una declaración explícita. Esta dinámica, si bien inherente a la política, añade un matiz de intriga a la elección, dejando al aire la pregunta de cuánto influirán estas alianzas en la decisión final del electorado.
En este contexto, la voz del pueblo de Tetelcingo se erige como la más importante. Es imperativo que la elección del próximo domingo se realice de manera autónoma, transparente y con una participación mayoritaria. Solo así los resultados podrán legitimarse y otorgar la verdadera fuerza al nuevo representante. La oportunidad de que una mujer llegue a gobernar este pueblo no es solo un cambio de género en el poder, es un símbolo de progreso, de reconocimiento y de la evolución de una comunidad que, con su voto, puede consolidar un hito en su historia. Que este 20 de julio, Tetelcingo elija con sabiduría, consciente de que su decisión resonará no solo en el presente, sino también en el futuro de sus generaciones.