Por Andrés Salas
Cuernavaca, Morelos; 16 de agosto 2025 – El llamado del Secretario de Gobierno de Morelos a los presidentes municipales del lunes pasado, marcó un claro punto de inflexión en la relación entre el estado y los ayuntamientos. Si bien la convocatoria tuvo un alto quórum, evidenciando el interés (o la obligación) de la mayoría, también dejó ver la desidia y la audacia fuera de lugar de algunos ediles.
El alcalde de Zacualpan, Marino Santibañez, optó por la indiferencia, quizás subestimando la importancia del encuentro. Pero sin duda, quienes se llevaron los reflectores por razones equivocadas fueron dos alcaldes que, a pesar de asistir, llegaron a «regarla» en grande: Me refiero a los de Atlatláhucan y Temoac.
Agustín Toledano Amaro, Presidente Municipal de Atlatláhucan, aprovechó sus escasos dos minutos para un show de victimización. En lugar de una presentación institucional, leyó un discurso para autoproclamarse inocente de cualquier delito y asegurar que, a pesar de haber sido captado en un video que se viralizó con el líder criminal conocido como «El Barbas», la FGR no lo investiga. Un esfuerzo innecesario para lavarse la cara que solo sirvió para destacar, precisamente, lo que quería ocultar. Es una táctica de defensa que, lejos de convencer, prende focos de alarma.
Peor fue el caso de Valentín Lavín Romero, el alcalde de Temoac, quien tomó la palabra para leer un pliego de quejas, asegurando que su municipio era marginado, que no recibía apoyos y que él era víctima de discriminación por parte de los funcionarios estatales. El problema es que su memoria parece selectiva: pues olvidó convenientemente que en su demarcación sí se están ejecutando obras, incluso de infraestructura hídrica.
Y lo que es más grave, olvidó que su credibilidad «huele feito» debido a su relación familiar directa con la líder criminal de «Los Aparicio», me refiero a «La Patrona», suegra del presidente municipal, actualmente detenida, acusada de delitos graves como secuestro y extorsión. El edil no es ajeno a esta situación, pues, además de los lazos consanguíneos, se sabe que está inmerso en carpetas de investigación de la FGR por presuntos nexos con negocios ilícitos. Su queja de discriminación se desmoronó ante el peso de las evidencias y las sospechas fundadas.
El nuevo Secretario de Gobierno, Edgar Maldonado Ceballos, no es un improvisado. Joven, preparado, y políticamente astuto, su pasado como Fiscal General de Morelos por un tiempo le otorga un conocimiento profundo del mapa criminal y político del estado, incluyendo las fichas de cada alcalde y sus respectivas investigaciones. De nada sirvieron las palabrerías y los intentos de canonización de quienes buscaban hacerse las víctimas.
La reunión no fue una cortesía; fue un mensaje claro: las cosas van a cambiar. La llegada de Maldonado Ceballos a la Secretaría de Gobierno es una señal de que la gobernabilidad se retoma con firmeza y que la impunidad de los grupos criminales tolerada por autoridades municipales ha terminado.
Tanto el alcalde de Atlatláhucan como el de Temoac deben entender que, lejos de salir bien librados, ahora están más que nunca bajo la lupa. Sus movimientos serán vigilados de cerca. El tiempo de fingir inocencia y victimizarse ha terminado; es hora de ponerse a trabajar en apego a la ley.
Mi abuela lo resumiría con contundencia: «Dejen de comer santos, cuando ya sabemos que cagan diablos». ¿Qué opina usted? Hasta la próxima.